Lo que pasa en la mesa

La primera vez que lo saqué fue en una sobremesa larga, de esas que se enquistan. En dos minutos ya había gritos, manos chocando y mi cuñado jurando que él había sido más rápido. Eso, para un juego de 15 euros, es mucho decir.

El concepto es sencillo: velocidad y atención. Hay que reaccionar antes que el resto. Nada de estrategia larga ni reglas que explicar diez minutos antes de empezar. Las instrucciones están en español, inglés, francés y portugués, así que si tienes familia mixta o lo llevas de viaje, sin problema.

A quién le vale de verdad

Perfectamente válido para familias con niños desde los seis años, pero también para grupos de adultos que buscan algo rápido entre plato y plato. Las partidas duran entre seis y siete minutos, lo cual es una virtud enorme: no se hace pesado, no hay tiempo para aburrirse y siempre apetece otra ronda.

Cabe en cualquier bolso. Lo he llevado a una terraza, a casa de unos amigos y una vez a una sala de espera. Funciona en todos lados.

Mi única reserva honesta: si en tu grupo hay alguien muy competitivo o con poca tolerancia a perder, prepárate. No porque el juego sea injusto, sino porque la velocidad siempre genera ese momento de "yo llegué antes". Dicho esto, para la mayoría es justo esa tensión lo que lo hace divertido.